Danza significa bailar, mover el cuerpo continuamente, con ritmo, en un espacio determinado. Y bailar, según el diccionario de
Se cree que la danza data de hace unos 6 mil años y sus fines eran rendir tributo a las deidades o a las fuerzas de la naturaleza o comunicarse con sus semejantes, cuando el lenguaje estructurado aun no existía. Estas eran las danzas tribales.
Muchos siglos después, los griegos descubrieron que el cuerpo podía ejercitarse y embellecerse por medio del baile. Decidieron incorporar la danza al teatro y pronto cobró popularidad. Pero para Roma no era práctico algo que no les redituara riquezas ni poder. De cualquier manera, se mantuvieron las cosas más o menos igual hasta unos 5 siglos después de Cristo.
Sin embargo, el cristianismo consideró que el cuerpo debía mantenerse oculto, y realizar esos movimientos era inmoral, además se asociaban con adoraciones demoníacas. Durante
Al llegar el Renacimiento, un nuevo pensamiento se extendió: disipar la ignorancia impuesta por
En la búsqueda por la estética, se consiguió hacer que los bailarines parecieran criaturas que casi podían volar, aunque esto sólo aplicaba para los hombres, quienes ya podían enfundarse en mallas y ropa cómoda, no así las mujeres, que debían portar enormes y pesados vestidos e incómodos corsés que impedían respirar correctamente. Todavía estaban muy lejos las zapatillas de punta en las que ahora las vemos bailar y que comenzaron a utilizarse primero como modificaciones que algunas bailarinas pedían de forma especial al fabricante. La evolución en el calzado de ballet no ha sido mucha en algunas marcas que conservan métodos tradicionales de fabricación, sin embargo, otros diseñadores se valen de la tecnología y materiales innovadores para crear zapatillas de punta que pueden ser rígidas y a la vez flexibles y que, además, no necesitan “quebrarse”.
Pero volvamos a principios del siglo XX, en que grupos de bailarines en todo el mundo, cansados de ser príncipes y princesas, hadas y ángeles, decidieron dejar el ballet e interpretarse a sí mismos, con música distinta o sin ella, y fue como surgió la danza contemporánea, que se vale de cualquier sonido coloquial para acompañar sus coreografías, así puede usar el sonido de un latido del corazón, como el ruido del tráfico vehicular.
Pero la danza no es sólo esto. Ya mencionaba al inicio las danzas tribales, de las cuales derivó el folklore de cada región. Así tenemos que en Irlanda la danza tradicional es llamada comúnmente “River Dance”; en España, el folklore incluye el español clásico, las danzas boleras, el flamenco, etc.; y en México el son, guapango, polka, shotis, pascola, etc. Pero a estas alturas, con tantas “fusiones” de estilos nos generan confusiones, porque de pronto alguien nos anuncia “el ballet folklórico fulano de tal”, cuando eso es un sinsentido: o es ballet, o es folklórico, no los dos. ¡Vaya!, ni el de Amalia Hernández, que es danza folklórica mexicana estilizada con elementos del ballet debe llamarse de tal modo.
Leyendo un poquito y asistiendo a eventos de distintos géneros y estilos de danza podremos aprender a diferenciar entre la danza contemporánea, la folklórica, el ballet, el jazz, el hip-hop, el tango, el flamenco y el español clásico entre otros. En la ciudad hay pendientes eventos culturales en distintos recintos que nos pueden servir para aprender y disfrutar, no sólo sobre danza, sino también sobre teatro, música y artes plásticas.